Novedosos, pero peligrosos: los silenciosos daños a la salud provocados por los populares ‘vapers’

Novedosos, pero peligrosos: los silenciosos daños a la salud provocados por los populares ‘vapers’

Durante los últimos años, el consumo de los cigarros electrónicos, también llamados “vapers” o “vapeadores”, ha ganado popularidad en Chile debido a su distintivo formato y a que se consideran una opción “menos dañina” a los convencionales. Sin embargo, este aparato representa un riesgo significativo para la salud de quienes lo consumen.

A mediados de 2004, su comercialización expandió el uso a todos los rincones del mundo, incluido nuestro país. Está compuesto por una batería y un atomizador, que calienta un líquido, generalmente compuesto por nicotina y saborizantes para producir un aerosol o vapor que se inhala, de forma similar al acto de fumar.

¿Cómo funciona? Este dispositivo vaporiza un líquido mediante un sistema de alta temperatura. En su interior, cuenta con una bobina que, por efecto eléctrico, aumenta la temperatura, de manera similar a los filamentos utilizados en calefactores.

“El líquido pasa a través de esta bobina caliente, provocando su vaporización. Lamentablemente, el solo hecho de alcanzar una alta temperatura ya puede producir daño”, precisó Dr. David González, gerente de Modelamiento Preventivo de IST-Mutualidad.

Daño profundo a los pulmones

Aunque parece inofensivo, el cigarrillo electrónico puede provocar graves daños en la salud a corto y largo plazo, afectando órganos importantes.

El órgano que más afectado por el uso de estos dispositivos es el pulmón. El daño pulmonar se produce en varias capas: primero por el calor, segundo por sustancias como la nicotina y tercero por compuestos químicos transformados por la temperatura.

“El principal factor es la temperatura, la que puede alcanzar entre los 150 y 200 °C. Este vapor daña el pulmón, inicialmente como si se tratara de una quemadura, provocando un grave deterioro en el epitelio, la parte interna del pulmón”, detalló el experto.

El daño pulmonar asociado al vapeo es relativamente nuevo. Actualmente, se le conoce como EVALI (“Lesión Pulmonar Asociada al Uso de Cigarrillos Electrónicos o Vapeo», por sus siglas en inglés), un término médico para referirse a una lesión pulmonar aguda asociada al uso de cigarrillos electrónicos y vapeadores.

A esta “quemadura” por calor, se le suman los diferentes compuestos que se agregan al líquido usado para generar vapor. En general, esta solución está compuesta principalmente por propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes y nicotina. Cuando estos líquidos se vaporizan, pueden generar formaldehído, una sustancia tóxica para el organismo.

“Un dato clave es que muchos compuestos que inicialmente son inofensivos cambian su estructura química al alcanzar temperaturas sobre los 80 °C. Por ejemplo, algo tan inofensivo como la glicerina termina transformándose en formaldehído, una sustancia potencialmente dañina”, explicó el profesional del IST.

Una adicción letal

Otro órgano afectado por este aparato es el corazón. Los efectos son similares a los del consumo de nicotina, lo que aumenta el riesgo de infartos, aterosclerosis, vasoconstricción y presión arterial elevada.

“En términos generales, el riesgo de sufrir patologías al corazón aumenta aproximadamente un 120 %, es decir, más del doble de lo que podrían presentar personas que no consumen nicotina”, precisó el especialista.

A nivel del cerebro, el principal efecto es la adicción a la nicotina. Esta sustancia, utilizada en los vapeadores, suele ser sintética y está basada en sales de nicotina que se vaporizan, lo que la hace diferente de la nicotina natural del tabaco.

El grado de adicción que se genera puede ser mucho más rápido y además interfiere con la dinámica de control de impulsos. “Este elemento suele tener un efecto tranquilizante, y su uso intenso genera una dependencia que dificulta el control de impulsos cuando la persona deja de usarlo”, explicó el Dr. González.

El preocupante aumento del vapeo en jóvenes

Un vapeador con nicotina puede ser más dañino que un cigarrillo convencional. La concentración de esta sustancia puede ser más alta que la que una persona obtiene habitualmente al fumar.

Vale mencionar que el vapeo no elimina la exposición pasiva de otras personas, ya que el vapor exhalado permanece en el ambiente, generando un efecto similar al humo de segunda mano entre quienes están expuestos a él.

Además, abre un “espacio gris” al incluir productos sin nicotina que normalizan el acto de vapear, facilitando la transición hacia dispositivos con nicotina o incluso hacia el cigarrillo.

El médico del IST recalcó que su carácter “percibido como inofensivo y atractivo, debido a sabores y endulzantes”, puede favorecer su adopción entre los más jóvenes.

Inhalar vapor caliente ya provoca daño pulmonar, independientemente de la nicotina, lo que hace especialmente preocupante su creciente popularidad y la baja percepción de riesgo asociada a su uso”, detalló el Dr. González.

Según el Instituto Nacional de Salud de EEUU (National Institutes of Health, NIH por sus siglas en inglés), “los jóvenes que consumen nicotina corren el riesgo de sufrir efectos a largo plazo en la salud”.

“La nicotina afecta el desarrollo del sistema de recompensa del cerebro y los circuitos cerebrales que controlan la atención y el aprendizaje. El uso continuado de la nicotina puede llevar a la adicción y aumentar el riesgo de adicción a otras drogas”, agregó la entidad.

A nivel nacional, la Ley N° 21.642 regula los cigarrillos electrónicos (con o sin nicotina) igual que el tabaco, prohibiendo su venta a menores de 18 años y restringiendo su uso en espacios públicos cerrados (restaurantes, centros comerciales, transporte). También limita su publicidad y exige un etiquetado de advertencia sanitaria para los consumidores.

“En términos simples, las restricciones son básicamente las mismas que para el tabaco, tanto en la venta como en el uso y la prohibición en espacios públicos. Y esto es independiente de si el dispositivo contiene o no nicotina”, concluyó el profesional.

En definitiva, aunque los vapers sean presentados como alternativas más «modernas” o menos dañinas, sí tienen riesgos para la salud. Por eso, la mejor manera de protegerse es evitar su consumo, fomentando hábitos sanos que sean libres de humo.