¿Es verdad que las mujeres necesitan más calefacción que los hombres en las oficinas?

En los últimos años ha surgido un debate en redes sociales respecto a si las mujeres y los hombres necesitan diferentes niveles de calefacción y aire acondicionado en las oficinas. Es más, en Estados Unidos el tema llegó a la política el año pasado, cuando la candidata a gobernadora por Nueva York, Cynthia Nixon, acusó que las empresas beneficiaban a los empleados masculinos, al mantener la temperatura tan baja en los espacios cerrados.

Pero, ¿es verdad que las mujeres requieren más calefacción? Los científicos aún no están del todo seguros, ya que falta más investigación para poder dar una resolución definitiva. Aun así, la poca indagación que existe al respecto se ha inclinado por una respuesta afirmativa.

Un artículo académico publicado en 2015 fue el que reavivó el debate sobre el tema. Allí, un par de profesores de la Universidad de Maastricht, Holanda, explican que en muchos lugares, la regulación de la temperatura se basa en la tasa metabólica de un hombre promedio, según cita el periódico digital Independent.

Y resulta que estando en descanso, el metabolismo (es decir, la velocidad con que generamos energía) es más rápido en los hombres. Lo que quiere decir que las mujeres producen calor con más lentitud cuando no están haciendo actividad física. A su vez, ellas tienden a tener las extremidades más heladas.

El documento añade que el pasar frío puede afectar la productividad de las trabajadoras.

Una investigación publicada en mayo de este año apoya esas aseveraciones. Dos académicos de Estados Unidos y Alemania analizaron el rendimiento de estudiantes universitarios en diferentes temperaturas, que variaron entre 16,2 ºC y 32,6 ºC. Los alumnos debían realizar ejercicios de matemáticas y lenguaje.

Los resultados mostraron que las mujeres se desempeñaron mejor en salas más calefaccionadas, mientras que lo contrario ocurrió en el caso de los hombres. Específicamente, ellas obtuvieron entre entre 1% y 1,75% más respuestas correctas por cada grado de temperatura adicional, y en ellos su productividad bajaba en 0,6% en la misma situación.

Agne Kajackaite, una de las autoras, aclara a la revista Time que este estudio era limitado, por lo que para corroborar los datos es necesario realizar uno a mayor escala, pero destaca que estas conclusiones sugieren que se debería tomar con más seriedad el debate.


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