Publicado el 14 septiembre, 2020

Las razones por las que deberías evitar comer carne roja y embutidos en exceso en estas Fiestas Patrias

Bru-nO | Pixabay (cc0)

Las Fiestas Patrias son una de las celebraciones más importantes en Chile, e incluso en cuarentena y con pandemia podemos festejarlas, siempre que sea permaneciendo en nuestro hogar y sin incumplir las normas sanitarias establecidas por las autoridades.

En estas fechas, la comida es la estrella y la mayoría disfruta probando platos típicos y otras preparaciones que, a veces, pueden incluir altas cantidades de calorías y porciones más grandes de las usuales.

En ese sentido, una de las preparaciones favoritas de muchos en sus menús dieciocheros son los asados, que pueden implicar grandes cantidades de carnes y embutidos.

La carne roja en sí no es perjudicial para la salud. Al contrario, se trata de uno de los principales alimentos que nos aportan proteínas, que necesitamos para mantenernos saludables.

Al respecto, Marta Cuervo, profesora del Departamento de Ciencias de la Alimentación y Fisiología de la Universidad de Navarra, explica al diario español ABC que las carnes nos entregan “fundamentalmente proteínas de alta calidad nutricional. Aporta todos los aminoácidos esenciales que necesitamos para la formación de nuevos tejidos, vitamina B12, zinc y hierro. Este último nutriente se encuentra especialmente en las carnes rojas”.

Por lo mismo es que “una alimentación vegana tiene que estar suplementada con vitamina B12 y, aunque puede alcanzar los mismos niveles de aminoácidos, se necesitan combinaciones de alimentos más cuidadosas”, acota.

El problema surge cuando comemos carnes rojas en cantidades muy altas, y en especial si es procesada, en cuyo caso podría traer algunas consecuencias para la salud.

Según la revista médica estadounidense NHI MedlinePlus, en exceso podría aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas y otras condiciones cardiovasculares.

“La investigación más reciente, realizada con el apoyo de los Institutos Nacionales de la Salud (de Estados Unidos), ha encontrado una conexión entre el consumo diario de carne roja y el aumento de los niveles de una sustancia química que se ha relacionado con las enfermedades cardíacas. Esto sugiere que esta sustancia, el N-óxido de trimetilamina (TMAO, por sus siglas en inglés), aumenta mucho cuando se consume una dieta rica en carne roja. Los estudios anteriores han relacionado el TMAO con un mayor riesgo de ataque al corazón y accidente cerebrovascular”, detalla.

Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió en 2015 que la carne roja había sido clasificada como parte del Grupo 2A de alimentos, es decir, probablemente cancerígena.

Esto significa que “la clasificación se basa en evidencia limitada procedente de estudios epidemiológicos que muestran una asociación positiva entre el consumo de carne roja y el desarrollo de cáncer colorrectal, así como una fuerte evidencia mecanicista”, especifica.

Por su parte, la carne procesada está en el Grupo 1, que quiere decir que es cancerígeno para los seres humanos.

«Esta categoría se utiliza cuando hay suficiente evidencia de carcinogenicidad en humanos. En otras palabras, hay pruebas convincentes de que el agente causa cáncer. La evaluación se basa generalmente en estudios epidemiológicos que muestran el desarrollo de cáncer en humanos expuestos”, remarca.

“En el caso de la carne procesada, esta clasificación está basada en evidencia suficiente a partir de estudios epidemiológicos que muestran que el consumo de carne procesada provoca cáncer colorrectal”, acota.

¿Cuánta carne deberíamos comer?
La cantidad de carne que es saludable varía dependiendo de cada persona, pero hay algunos lineamientos generales que podrían guiarte.

“Las cantidades varían entre 100 y 150 gramos por ración, dependiendo de la persona y su peso. La ingesta recomendada para las carnes más grasas es de una vez a la semana; y las magras, cuatro veces”, informa Marta Cuervo en ABC.

“En el caso de las procesadas (aquellas que han sido transformadas a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado, u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación), la recomendación es limitar su consumo, preferiblemente a una vez a la semana en cantidades más pequeñas”, agrega.