Publicado el 8 octubre, 2020

Cómo lidiar con las mascarillas cuando hace mucho calor

Iira116 | Pixabay (cc0)

Con la llegada de la primavera, han comenzado a subir las temperaturas de manera considerable en la zona norte y centro de Chile. Y como la pandemia aún está entre nosotros, es necesario que continuemos usando mascarillas si vamos a salir de la casa.

Estos dos factores no son la mejor combinación, porque con ese elemento de protección puede aumentar la sensación de calor y hacernos transpirar más. Asimismo, la respiración puede dificultarse un poco.

Para disminuir estas molestias, lo mejor es preferir mascarillas médicas certificadas, explica José Ramón Banegas, académico del Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública y Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid, al diario español La Vanguardia.

“Según recomendaciones provisionales de la OMS, las mascarillas (médicas o higiénicas) estudiadas por expertos, tienen una capacidad aceptable para permitir respirar a través del material de las mismas. Algo que que se comprueba midiendo la resistencia máxima inhalatoria y exhalatoria”, sostiene.

Por su parte, Rafael Herruzo, también profesor de Medicina Preventiva de la Universidad Autónoma de Madrid, indica que, si no se puede acceder a ellas, se puede usar mascarillas de tela de algodón de dos capas.

“Aumentar el número de capas de tejido puede mejorar su eficacia de filtrado, pero hay que asegurarse que permiten respirar bien”, dicen ambos expertos.

Y agregan que también se puede usar mascarilla con dos capas de tela gruesa de batista, o con dos con interior de franela y exterior de algodón, siendo esta última la que tiene una capacidad de filtración del 70-80% de las partículas.

No hagas mucho esfuerzo físico
Otro tip es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja no usar mascarilla si vas a realizar ejercicio, ya que al aumentar el esfuerzo físico, se incrementa la cantidad de oxígeno que nuestro cuerpo necesita y, por lo tanto, se acelera la respiración.

“No es conveniente llevar mascarilla para hacer ejercicio físico, porque podría reducir la capacidad de respirar con comodidad. Además, la mascarilla se puede humedecer más rápidamente con el sudor, lo cual puede dificultar la respiración y promover el crecimiento de microorganismos. Lo importante para protegerse durante el ejercicio físico es mantenerse al menos a un metro de distancia de las demás personas”, afirma la OMS.

Esto igual se aplica cuando caminas: si vas a paso muy acelerado, podría serte más difícil respirar, así que podrías favorecer un ritmo calmado cuando hace más calor.

Y si se humedece tu mascarilla producto del sudor, es conveniente que te la cambies por otra, así que puedes andar trayendo una de repuesto.

Las emociones también pueden afectar nuestra respiración
Otro aspecto que deberías tener en cuenta es que hay emociones, como la rabia y los nervios, que aceleran la respiración, de acuerdo a Cristina Mae Wood, psicóloga especializada en estrés y ansiedad en el centro Área Humana de Madrid.

“Es necesario adaptarnos a una realidad que no podemos controlar. Si nos anclamos en la queja, lo único que conseguiremos es sentir enfado, rabia, lo que nos llevará a la rumiación. Todas estas emociones, junto con la ansiedad, generan activación fisiológica que aumenta la frecuencia cardiaca y acelera la respiración. Si esto sucede cuando llevamos mascarilla, nos pondremos aún más nerviosos”, relata a La Vanguardia.

En ese sentido, la especialista señala que «si le presto mucha atención al calor y a la respiración porque lo interpreto como algo negativo, a nivel cerebral se produce la liberación de cortisol y adrenalina. Cuando fluyen por la sangre, hacen que el corazón bombee más rápido y que la respiración sea más agitada”.

Para controlar ese tipo de emociones, Mae Wood recomienda dirigir nuestra atención a pensamientos que nos relajen, como planear qué haremos en fin de semana o cerrar los ojos e imaginar un paisaje que sea calmante.

Igualmente, aconseja practicar la respiración abdominal, que se usa para meditar.

“La idea es hacer una respiración desde el estómago, más lenta, como si fuera un balón que se va hinchando y cuando lo expulsamos vuelve a la posición original. Científicamente está demostrado que este tipo de respiración nos ayuda a relajarnos”, cuenta.