Publicado el 11 agosto, 2017

Pasear por bosques: una actividad que puede ayudar a la salud física y psicológica

Eugenio Celedon | Flickr (CC)

Hace un par de meses, un llamativo video comenzó a difundirse por redes sociales. Llevaba el nombre de “baño forestal” y en su casi minuto y medio de duración explicaba los grandes beneficios que la ciencia había comprobado en cuanto a los paseos en áreas verdes.

Fue específicamente en mayo de 2017 cuando el sitio web World Economic Forum publicó esta información, la cual sorprendió a muchos usuarios y a otros simplemente les confirmó lo que ya creían: que las caminatas por bosques ayudarían al ser humano a tener una mejor salud física y psicológica.

Los orígenes y estudios de esta práctica se remontan a mediados del siglo XIX (1854), cuando el filósofo Henry David Thoreau escribió el ensayo “Walden; o vida en los bosques”. En este texto el autor abarca su experiencia de vivir en un bosque, atrincherado en una cabaña construida por él mismo, durante 2 años.

A partir de este texto, los beneficios de vivir en bosques fueron dados a conocer, pero sin mayores comprobaciones científicas. Aun así, el autor logró que varias personas comenzaran a seguir este estilo de vida.

Pero no fue hasta 1982 que, en Japón, cuando el gobierno nipón decidió hacer un programa nacional de salud pública en base a los beneficios que conlleva estar en presencia de árboles. Fue en ese entonces que el ministro de Agricultura, Silvicultura y Pesca utilizó por primera vez el término shinrin-yoku: terapia de bosque o baños forestales.

A partir de lo anterior, la ciencia comenzó a investigar e intentar comprobar los beneficios que los árboles podrían traer a los humanos. Desde 2004 hasta 2012, Japón invirtió como país más de 4 millones de dólares (2.500 millones de pesos) en esta área y los resultados en la actualidad indican que la terapia forestal sería real y sí traería consecuencias positivas para quienes la experimentan.

Gracias a los estudios de científicos como Li Quing, de la Escuela Médica Nipona, de Tokio, o Bun Jin Park, de la U. de Chiba, se ha concluido que los “baños forestales” inducirían estados de relajación, gracias a que disminuirían la presión sistólica y la producción de cortisol (hormona liberada como respuesta al estrés). Asimismo, aumentarían la actividad de los linfocitos, que son los encargados de defender al organismo de bacterias y virus.

Ha sido tal el impacto que, en países como Corea del Sur, Estados Unidos, y también algunos en Europa, se han abierto centros y asociaciones de terapia forestal. En Japón, incluso, los médicos prescriben paseos por bosques como medida de prevención.

Al respecto, Aarón Cortés, psicólogo investigador del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, advierte que si bien habría una correlación entre los baños forestales y los beneficios orgánicos que trae, no existiría una relación causa y efecto.

“El desconectarse de factores de estrés de las grandes ciudades es, sin duda, una buena estrategia y el contacto con la naturaleza es una estrategia para lograrlo, así como hacer deporte, tener hobbies, practicar relajación, salir con amigos o realizar cualquier actividad placentera”, explica.

¿Cómo practicarla?

Uno de los consejos para lograr esto es apagar el celular o cualquier otro dispositivo tecnológico, lo cual contribuiría a la conexión con el entorno. A partir de eso, se puede caminar sin un rumbo específico por el bosque más cercano que tengamos y que ojalá ya cuente con un sendero. Durante la caminata se pueden hacer pausas para fijarse en puntos que llamen la atención y escuchar la naturaleza. También se puede ir acompañado, para mayor precaución y caminar en silencio, sin necesidad de conversar mucho sino más bien escuchar a la naturaleza.