Publicado el 15 marzo, 2017

La importancia del ejercicio para la salud de los huesos

K4dordy (CC) Flickr
K4dordy (CC) Flickr

Nunca es tarde para preocuparse tener huesos más fuertes y sanos, incluso si ya se ha sido diagnosticado con osteoporosis. Dicha enfermedad hace que los huesos se debiliten y aumente el riesgo de sufrir fracturas.

A pesar de que esta condición puede surgir a cualquier edad, se presenta con más frecuencia en mujeres post menopáusicas, según reporta el sitio de la Red de Salud de la Universidad Católica. Esta enfermedad forma parte de aquellas consideradas “silenciosas”, ya que el debilitamiento del hueso sucede sin dar señales, hasta que se produce una fractura. Su diagnóstico se hace a través de un examen de densitometría ósea.

De acuerdo al Instituto Nacional de Osteoporosis y Enfermedades Óseas, de Estados Unidos, el ejercicio es vital para tener huesos sanos y además es fundamental para la prevención y tratamiento de la osteoporosis. Los huesos son tejidos vivos que responden al ejercicio, volviéndose más fuertes al generar tejido nuevo: “El ejercicio estimula la formación de los huesos, porque si se le aplica tensión al hueso éste responde aumentando su densidad y, dependiendo de la edad de la persona y el tipo de ejercicio, puede incrementar o mantener la densidad ósea”, aseguró Steven Hawkins profesor de Ciencia del Ejercicio en la Universidad Luterana de California, al sitio Prevention.

De acuerdo a dicho sitio, la actividad física puede reducir en un 50% las posibilidades de sufrir una fractura de cadera. Eso sí, es importante consultar con un médico antes de realizar una rutina nueva de ejercicios para saber qué tipo de actividad física es segura para el nivel de osteoporosis, la condición física y el peso de cada individuo.

Según indica la Fundación Nacional de Osteoporosis, de Estados Unidos, existen dos tipos de ejercicio que ayudan a fortalecer los huesos: aquellos en los que se requiere sostener el propio peso del cuerpo, trabajando contra la gravedad (caminar, correr, hacer senderismo, subir escaleras, bailar, entre otros) y los de fortalecimiento muscular que implican el uso de una resistencia (levantamiento de pesas, ejercitar usando bandas elásticas, levantar el propio peso del cuerpo, etc.).

De acuerdo al Instituto Nacional de Osteoporosis y Enfermedades Óseas, si se tiene una densidad ósea baja, los expertos recomiendan que se evite realizar ejercicios que causen flexión o torsión de la espalda y aquellos de mucho impacto para disminuir el riesgo de fracturas.

Si bien el ejercicio puede beneficiar a las personas que sufren osteoporosis, se trata de una medida complementaria a un tratamiento global que incluye cambios en la dieta (consumir más alimentos que contengan calcio y Vitamina D) y en el estilo de vida, mantener un peso equilibrado, dejar de fumar y reducir el consumo de alcohol. Es esencial también consultar con un médico que indicará posibles medicamentos y monitoreará el progreso de la enfermedad, así como también entregará recomendaciones individuales.