Publicado el 20 abril, 2017

¿Por qué es recomendable un uso moderado de la sal?

Dubravko Sorić (CC) Flickr
Dubravko Sorić (CC) Flickr

La sal, conocida también como cloruro de sodio, se utiliza a diario para intensificar el sabor de las comidas y para preservar alimentos. Sin embargo, nuestro organismo sólo necesita una cantidad muy pequeña de sodio al día: 1 gramo, el cual es usado para conducir impulsos nerviosos, mantener el balance de agua y minerales, contraer y relajar los músculos, de acuerdo a la Universidad de Harvard.

El consumo excesivo de sodio puede traer diversos problemas a la salud, entre ellos está la hipertensión arterial que, según reporta la Organización Mundial de Salud, es la principal causa de muerte en el mundo. Pero además la sal produce un incremento en la rigidez de las arterias, lo cual contribuye a aumentar el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares.

Por su parte, el estudio INTERSALT demostró que existe una relación significativa entre la ingesta de sal y la mortalidad por accidente vascular cerebral.

Un alto consumo de sodio también aumenta la eliminación de calcio a través de la orina lo que a largo plazo puede conllevar al desarrollo de una osteoporosis.

Por todos estos riesgos, la Organización Mundial de Salud recomienda que los adultos no consuman más de 5 gramos de sal al día (equivalentes a 2 gramos de sodio). Sin embargo, la encuesta Nacional de Salud del año 2010 reveló que los chilenos ingieren aproximadamente 10 gramos diarios de sal, muy por sobre el límite sugerido.

Eso sí, la Sociedad Americana del Corazón indica que las personas mayores de 50 años, las que sufren de presión alta y diabetes tendrían que consumir sólo un gramo y medio de sal al día, como máximo.

De acuerdo a datos de la Food and Drug Administration de Estados Unidos (FDA), el 75% del sodio de la dieta proviene del consumo de alimentos procesados y de los servidos en restoranes. Algunos alimentos altos en sodio son los encurtidos, cecinas, sopas en cubo o sobres, papas fritas, galletas saladas, frutos secos salados, productos enlatados (pescados, mariscos, verduras), mantequilla y margarina, queso de cabra y cheddar.

Para reducir el consumo de sodio se puede reemplazar la sal por hierbas y especias, preferir productos frescos en vez de procesados y enjuagar los alimentos enlatados ricos en este mineral antes de comerlos.